Con el fin de introducir drásticas reformas organizativas y sociales en el viejo continente, las ‘democracias’ europeas han tenido que revelar muchas de las injusticias y las corruptelas en las que se basan como una manera de justificar la crisis económica que azota a Europa. Sin embargo, entre los planes no parece figurar, al menos no a corto plazo, un cambio de sistema tal y como habíamos sugerido en previas entradas.
Siguiendo el símil del juego de ajedrez usado por antiimperialista, parece se realizará una maniobra de recuperación de la fe colectiva en este juego. Bastará una serie de pequeñas concesiones para que el ciudadano recupere la confianza en el sistema que le esclaviza para que éste juego se siga perpetuando eso sí siempre con una normas pre-dictadas.
Centrando la cuestión en España, el primero de dichos movimientos efectuados en el país ibérico podemos situarlo antes de las últimas elecciones legislativas en el contexto del fin de ETA. El impacto de dicha noticia creó una ola de euforia que evitó el registro de índices de abstención históricos. Pero no se hagan ilusiones, ya se están dando los primeros pasos en la creación de un conflicto que devuelva al estado uno de sus filones más productivos. Para ello se prepara un clima de enfrentamiento en torno a las peticiones del traslado de los presos de la banda y por otro lado de las recriminaciones efectuadas por las asociaciones de las victimas de la banda.
El caso Urdangarín parece otra estrategia del estado para exorcizarse los demonios que ha liberados en los últimos años. La imputación de un miembro de la casa real supone una inyección de credibilidad en lo justo del sistema. Recordemos que la justicia es precisamente el valor y la institución más dañados por las tremendas revelaciones efectuadas en los últimos años. La tremenda publicidad efectuada sobre el caso Urdangarín incluso en aquellos contenidos mediáticos más populares junto con la óptica naif respecto al rol de la casa real en los hechos, nos sugiere cuál puede sere la verdadera naturaleza subyacente a los hechos. Aunque habrá que ver como acaba toda esta historia, los objetivos podrían alcanzarse sin la necesidad de declarar culpable al imputado. Los hechos siempre podrían dar un giro de última hora como en el caso DSK, pero lo importante es que se hable y mucho del asunto y que la sensación de justicia vuelva anuestras cabeza induciendo así, al menos parcialmente, una recuperación en la confianza hacia sistema.
T. Stevenson